JIWASA. Encender futuros
Prácticas vinculantes para un porvenir compartido en la ciudad

En 2024 convocamos y nos reunimos en las Jornadas para la construcción del programa 2025 de Jiwasa en las que, a través del trabajo colectivo, pensamos y compartimos herramientas, experiencias y metodologías enfocadas en las particularidades de la ciudad de La Paz y de quienes la habitan.
El Jiwasa que imaginamos en conjunto se retoma este año bajo el título Encender futuros. Prácticas vinculantes para un porvenir compartido en la ciudad. Esta continuidad propone una serie de laboratorios que tienen como objetivo ensayar y experienciar nuevas formas de vincularnos con los seres no humanos* que habitan en la ciudad, en el marco de la actual crisis ecosocial. Esto nos permitirá imaginar futuros compartidos y explorar otras formas de vivir juntos de manera situada.
*Sobre los seres no humanos: Al hablar de “no humanos” estamos expandiendo la idea común de que la vida estaría organizada en “reinos separados” (animal, vegetal, mineral, etc.). Con el término “no humanos” nos referimos a una diversidad de formas de vida, o entidades (tales como animales, plantas e insectos, pero también espíritus, difuntos, fenómenos atmosféricos, lugares, rocas, y muchos otros tipos de “cosas”), todas ellas provistas de consciencia e intencionalidad. Estas cualidades muestran su capacidad de afectar y también de ser afectados en los territorios donde habitan. Al comprender su existencia de esta manera, podemos asumir y sostener formas éticas y responsables de convivencia con toda esa diversidad, basadas en el cuidado y la comunicación.
¿Cómo imaginar un futuro que no vamos a habitar?
¿Qué tipo de relaciones podemos llegar a cultivar en la ciudad que reconozcan lo colectivo y lo no humano?
¿Somos capaces de reconocer los vínculos que tenemos con los seres no humanos que habitan en la ciudad? ¿Es posible crear comunidad con ellos?
¿Qué transformaciones nos exige el vínculo con lo no humano en lo cotidiano?
¿Qué podemos aprender de las prácticas y saberes locales que nos ayude a enfrentar la crisis ecosocial?
Para nadie es desconocido que el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y los altos grados de contaminación son problemas que ponen en peligro el futuro de la humanidad y agravan cada vez más las desigualdades sociales, afectando sobre todo a los sectores más vulnerables de la población. Esta crisis, conocida con el nombre de crisis ecosocial desde el ecofeminismo, más que soluciones temporales demanda la necesidad de cuestionar, entre otros aspectos, los paradigmas modernos que han definido nuestra relación con el entorno. Es en este marco que se hace indispensable revisar nuestra relación con la naturaleza y ver así qué vínculos podemos llegar a construir, superando de este modo la concepción de la naturaleza como mero recurso, con las lógicas extractivistas que ello conlleva.
Reconocemos que las narrativas modernas han demostrado serias limitaciones y contradicciones acerca de cómo deberíamos relacionarnos como especie con la “naturaleza”, lo cual se evidencia en la crisis ecosocial. Al mismo tiempo, muchos debates multisectoriales (no solo académicos) nos invitan a dejarnos enseñar por otros sistemas de pensamiento que, en la actualidad, mantienen en vigencia otras prácticas y formas de relación con el entorno, teniendo al cuidado y a la convivencia entre iguales como ejes fundamentales. En la actualidad, se vuelve imprescindible repensar nuestras formas de habitar el mundo, convocando otros saberes y modos de vida que han sido históricamente marginados.
La búsqueda que proponemos trata de nutrirse de prácticas y conocimientos locales en los que aún perviven formas de hacer y pensar que comúnmente se consideran “indígenas”. Más que replicar discursos idealizados en torno a lo “indígena”, nos interesa acercarnos a nuevas formas de relacionamiento con los seres que habitan este mundo. Por eso proponemos explorar formas de conocimiento relacional y atencional que abran posibilidades concretas de vincularnos con aquello que el pensamiento moderno occidental ha reducido al concepto de “naturaleza”, y, con ello, explorar y fortalecer otros vínculos con todo lo que constituye una ciudad.
Conceptos aymaras como ch’ixi (aspectos que se unifican parcialmente, sin perder sus cualidades propias), uywaña (crianza mutua), tumpaña (visitar) e imaña (cuidar), explorados por diversas investigadoras e investigadores, nos invitan a reconsiderar cómo convivimos y cohabitamos entre humanos y no humanos. Del mismo modo, estas relaciones pueden enseñarnos la importancia de la atención y el cuidado, y cómo estos pueden determinar las relaciones entre diferentes formas de vida, incluso en las ciudades. Lejos de ser conceptos abstractos, estos términos se constituyen en marcos de sentido que orientan prácticas cotidianas y modos de existencia más sostenibles, colectivos y posibles para todos. Surge así la posibilidad de conocer con el chuyma (entrañas superiores), al que Silvia Rivera hace referencia para aludir a un saber encarnado, que atraviesa el cuerpo y en el que se integran sentir, pensar y actuar.
Desde este horizonte, JIWASA se plantea en esta edición como un espacio en el que desarrollar prácticas relacionales en la ciudad de La Paz, orientadas a establecer vínculos afectivos con cosas, entidades y lugares que también habitan en esta ciudad. A través de prácticas compartidas, sensibles y situadas, el programa busca generar espacios de aprendizaje, más allá de lo inmediato y lo individual, que nos permitan imaginar y construir futuros comunes.
En este proceso las formas de hacer del arte contemporáneo cobran especial relevancia, ya que permiten generar espacios de invención y creación colectiva capaces de imaginar otras realidades y cuestionar los relatos e imaginarios hegemónicos de la modernidad. Trabajaremos desde metodologías del arte que valoran la deriva, la construcción colectiva y la escucha activa, permaneciendo siempre abiertos al proceso. Será justamente este proceso el que defina el rumbo que tomará el programa.
Un componente clave de este enfoque es la posibilidad de generar un conocimiento situado, sensible y contradictorio. Lejos de buscar verdades cerradas, el pensamiento artístico reconoce la potencia de lo temporal, del disenso y la contradicción, ampliando nuestras formas de percepción y entendimiento. Esta apertura a lo múltiple y lo inacabado se convierte en una herramienta para imaginar otros modos de habitar el mundo, en una clave que activa la imaginación como forma de pensamiento y de acción.
Elegimos trabajar desde las metodologías del arte porque creemos que estas nos permitirán establecer vínculos horizontales con las prácticas y saberes locales. Lejos de idealizar o representar estos saberes, buscamos explorarlos y comprenderlos, es decir, conocerlos desde la experiencia y abrirnos a la posibilidad de reinventarlos pero también dejar que nos transformen. Creemos que las formas de hacer del arte pueden ser herramientas valiosas, siempre que estemos dispuestos a repensar las ideas que tenemos de arte y lo que puede posibilitar en nuestra sociedad, por ejemplo, imaginar y explorar nuevas formas de hacer comunidad.
JIWASA es una invitación a imaginar en común. A reconocer que no estamos solos, que habitamos un mundo compartido con seres no humanos que también sostienen la vida. En un contexto de crisis, este programa busca abrir un tiempo y un espacio para el ensayo, la escucha y la creación colectiva, desde donde pensar otras formas de vincularnos. Con cada vínculo que tejamos, con cada práctica que compartamos, estaremos encendiendo futuros posibles. Pequeños, situados, pero profundamente transformadores.
Cómo lo haremos
Por las características del Programa Cultura y Ciudadanía, que promueven la construcción colectiva de conocimiento y el diálogo entre saberes, el horizonte de JIWASA Encender futuros no se plantea como un punto de llegada definido desde el inicio, sino como un camino a imaginar en conjunto. Por eso, decidimos que el primer laboratorio debía ser una puerta de entrada, un espacio de encuentro entre quienes participan y el universo de seres no humanos que nos interpelan. Más que presentar una ruta fija, proponemos abrir una conversación acerca de con qué entidades no humanas deseamos vincularnos en la ciudad de La Paz.El primer laboratorio, El futuro con quiénes, marcará el inicio del recorrido. A través del intercambio, cada participante podrá compartir qué ser no humano desea explorar, y será en ese diálogo colectivo donde se definirán las cuatro entidades que guiarán los siguientes encuentros. Así, cada uno de los cuatro laboratorios posteriores estará dedicado a uno de estos seres no humanos elegidos desde una construcción común.
El segundo laboratorio, Brotar el cuerpo, se centró en la relación con la ruda, la retama y el romero. A partir de experiencias sensoriales, caminatas y prácticas creativas, este encuentro propuso mirar la ciudad desde la perspectiva de estas plantas presentes en la vida paceña, reconociéndolas como compañeras activas con historias, fuerzas y modos propios de habitar.
El tercer laboratorio, Enriarse, abrió un espacio de memoria y sensibilidad en torno al río Choqueyapu. Mediante prácticas corporales, sonoras y creativas, se buscó reconocer al río como entidad viva con espíritu y memoria, explorando el vínculo que nos une a él desde la escucha, el canto y el cuidado, y recordando que también somos agua.
Así, cada uno de los laboratorios posteriores se dedicará a otros seres no humanos elegidos colectivamente, ensayando nuevas formas de relación y cuidado.
Finalmente, el sexto laboratorio cerrará el ciclo no como una conclusión, sino como una trama: un espacio para reunir, entretejer y poner en relación todo lo trabajado, reconociendo que humanos y no humanos no están aislados, sino que se tocan, se afectan y se transforman entre sí.